Coraje. Demasiado.
Orgullo. Orgullo? No lo conozco, no conozco de su existencia.
Ahora debo recuperarlo.
¿El orgullo? Pues nadie me lo ha presentado.
Debo luchar contra mi persona para no perderlo ni una vez más, mas es tan difícil...
¿Cómo lo hago si me traicionan mis sentidos, mis manos, mis oidos, si hasta mi tacto me traiciona?
Mis ojos derraman sustancias transparentes salinas por donde los párpados se besan. Saliva lo llamo yo, otros, que poetas se creen lo llaman lágrimas.
Mis dedos, hábiles y valientes, me dejan k.o. escribiendo palabras que el cerebro les envía.
¿Y el destinatario?
Un chico, una persona que no sale de mi cabeza.
Maldita memoria traicionera, ¡cuantas palabras ha olvidado, de cuantos recuerdos me ha separado para ahora traicionarme y dejarme presente a una persona ingrata en mi corazón!
¡Ay! El corazón, ¡ay mi corazón!
Pequeño músculo inverbe que me traiciona y late cuando le recuerdo.
Sordidos recuerdos de un ayer que no pueden tener cabida hoy y que, sin embargo, a muy mi pesar, ya lo están teniendo.
¡Fuera! Fuera todos, obscenos pensamientos de recuerdos no gratos, fuera de mí que yo ya no quiero tener que ver nada con ellos.
27/08/2011
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